Una novela de terror sin monstruos: el miedo de lo que sí puede pasar
Camila Fabbri publica 'El año de la serpiente', terror de lo cotidiano inspirado en casos reales. Un libro que mira de cerca a nuestros vecinos.
Ya no hacen falta fantasmas para pasar miedo. La escritora argentina Camila Fabbri lo demuestra con su nueva novela, 'El año de la serpiente', publicada este octubre por Anagrama y que ella define como terror de «las cosas posibles».
La historia arranca con algo que cualquiera reconoce: un olor a descomposición que se cuela por los pasillos de un edificio de Buenos Aires. Dos vecinas, Aldana y Gina, notan que viene del piso 5-C. Allí vive Celeste Blum, una estudiante que empezó hace poco una relación con Simón, un hombre mayor obsesionado con las serpientes.
Fabbri se basa en hechos reales. Uno de ellos ocurrió en Argentina a finales de los ochenta, cuando dos primas aparecieron en una bañera en un estado de descomposición inexplicable. Otro es el caso de Pablo Laurta, un hombre que lideraba un colectivo de 'derechos masculinos' y que acabó asesinando a su exmujer y a su exsuegra. Son historias que, aunque suenen lejanas, hablan de cosas que pasan en casas normales.
Lo que hace esta novela es mirar la vida doméstica con lupa. Los vecinos, los ruidos de la pared, los olores del rellano. Fabbri recuerda que no sabemos casi nada de quien vive al lado, y que esa distancia puede esconder mucho. Para ella, la serpiente funciona como una alegoría de cierta masculinidad: silenciosa, paciente y certera.
¿Y qué significa esto para la gente de a pie? Que el peligro no siempre llega de fuera ni con estridencias. A menudo está en la familia, en la pareja o en el vecino con el que apenas cruzas un saludo. La novela también toca el fenómeno incel, no como una secta lejana, sino como algo que puede estar sentado a la mesa de cualquier casa.
Fabbri también habla del clima social. Le preocupa más el ciudadano común que desprecia al de al lado que los líderes políticos, a los que ve como títeres de intereses ajenos. Una mirada incómoda, pero difícil de rebatir si se observa el día a día.
Qué hacer con todo esto? Leer el libro, sí, pero sobre todo prestar atención a las señales cercanas. Si notas aislamiento, control o desprecio hacia una persona en tu entorno, no lo normalices. Hablar a tiempo, acudir a los servicios de apoyo y no mirar hacia otro lado es lo que de verdad evita que el terror de lo posible se convierta en real.