Un destacado economista ha advertido sobre el creciente abismo social en Europa
BARCELONA, 7 de mayo.
El profesor Branko Milanovic, reconocido académico de la City University of New York y execonomista del Banco Mundial, ha lanzado una crítica sobre el aumento de la desigualdad en Europa durante su intervención en la 40 Reunión del Cercle d’Economia, que se lleva a cabo en el Palau de Congressos de Catalunya.
En su discurso, Milanovic sugirió que, si las tendencias actuales continúan, las naciones europeas podrían estar cada vez más alineadas con los patrones de distribución de riqueza observados en América Latina. Sin embargo, el economista matizó que, a pesar de estos cambios, se prevé que la desigualdad en Europa no alcance los niveles extremos de otras regiones.
Durante el último siglo, las comunidades más desfavorecidas de Europa solían ser parte del 20% superior a nivel mundial, una situación que está cambiando drásticamente debido al crecimiento de naciones asiáticas emergentes. Esto sugiere que en el futuro, la población europea se puede dividir entre aquellos que se encuentren en el promedio global y un selecto 1% que acumule la mayor parte de la riqueza.
En otro punto de la discusión, la economista Laura Hospido abordó el alarmante hecho de que el 60% de la población mundial carece de ingresos provenientes de activos financieros, una cifra que asciende al 90% en los países con mayores niveles de pobreza. Este contexto acentúa la urgencia de replantear las políticas económicas a nivel global.
En el marco español, Hospido destacó que la desigualdad alcanza niveles preocupantes en comparación a otros países de la Unión Europea, añadiendo que los ciclos económicos tienen un papel importante en esta dinámica. Los indicadores muestran que la discrepancia entre España y naciones como Alemania o Francia es mínima, pero aún así, el impacto sobre la economía familiar es significativo.
La economista subrayó que el 50% de los ciudadanos desconoce su disponibilidad económica para el año siguiente, lo que complica la toma de decisiones financieras cruciales, especialmente entre la juventud.
Por su parte, Conde enfatizó que la juventud enfrenta un entorno economicamente hostil y desinteresado por su futuro. Argumentó que el crecimiento del ingreso per cápita de este grupo demográfico es solo un tercio del que se observó en las décadas de 1980 y 1990, pasando del 35% al 20% en términos de participación electoral.
Finalmente, Conde abogó por la necesidad de impulsar la productividad como único camino viable para mejorar los ingresos de las nuevas generaciones, llamando a una movilización general para generar cambios sustanciales en esta esfera.
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