BARCELONA, 12 de noviembre. En un acto reciente en la capital catalana, Juan Pablo Escobar, hijo del infame narcotraficante Pablo Escobar, ha destacado la necesidad de no glorificar el narcotráfico. Durante su intervención, afirmó con firmeza: "Preferiría morir antes que seguir el legado de mi padre".
La ocasión fue la presentación de su obra 'Escobar. Una educación criminal', publicada por Norma Comics el pasado mayo, donde se exploran las vivencias de su infancia bajo la sombra de su padre. La narrativa, escrita por Pablo Martín Farina y acompañada de ilustraciones de Alberto Madrigal, ofrece una visión íntima y crítica de su vida.
Escobar expresó su deseo de asumir una responsabilidad moral en su propia historia, buscando contribuir a una sociedad más veraz y libre de prejuicios. En ese sentido, advirtió que algunos contenidos de entretenimiento tienden a romantizar el narcotráfico: "Mientras yo procuro generar conciencia, plataformas como Netflix glorifican lo que debería ser un problema social".
La carga de ser hijo de un narcotraficante le proporcionó una vida marcada por el riesgo constante. Según sus palabras, "la posibilidad de soñar o pensar en el futuro era inexistente", debido a la permanente amenaza que enfrentaba.
Reflexionando sobre su entorno, Escobar compartió que crecer en un ambiente donde la muerte era una posibilidad cotidiana forjaba lazos intensos, ya que “la fragilidad de la vida intensifica las relaciones interpersonales”.
El cómic surge, según él, del interés que despertó su historia en los lectores y de su rechazo a ser visto como un simple reflejo de su padre. "No quería que Pablo fuera el protagonista; aparece al final", aclaró.
Al abordar su propia narrativa, confesó que fue un reto enfrentar las heridas del pasado: "Contar la violencia que presencié fue una tarea difícil".
Reconoció que la experiencia de crear cómics fue más compleja de lo que anticipaba y resaltó cómo el trabajo de Farina fue crucial. Cuando él y la editorial contemplaron los primeros esbozos de Madrigal, supieron de inmediato que era el artista adecuado para el proyecto.
Escobar rememoró cómo su padre, a pesar de sus peculiares métodos, se mantenía presente en su vida, enviándole cartas y grabaciones semanales. "Era un padre afectuoso, aunque sus acciones fueron contradictorias", admitió.
Sobre la enseñanza que le dio su padre, relató la dualidad de ser educado en valores mientras su progenitor ejercía la violencia: "Me decía que debía ser respetuoso, incluso cuando él estaba involucrado en actos terribles".
Cuestionándose sobre la complejidad de sus enseñanzas, reflexionó: "¿Cómo ignorar al hombre que controlaba el 80% del tráfico de cocaína a nivel global cuando me advertía sobre sus peligros?". A pesar de un entorno saturado de riquezas, sostuvo que la vida en ese mundo no era sinónimo de felicidad.
Al abordar la situación actual de Colombia, Escobar se mostró pesimista: "La historia de mi país es triste, ya que el narcotráfico sigue siendo una sombra constante en nuestra realidad". Señaló que las hectáreas de coca han aumentado exponencialmente desde la época de su padre, pasando de 50,000 a más de 300,000.
Aseguró que las estrategias implementadas hasta ahora han sido ineficaces, manifestando que "los esfuerzos por erradicar el problema han resultado estériles. Necesitamos replantear nuestras tácticas, ya que esto es un problema de salud pública, no de combate militar".
Finalmente, abogó por una revisión de las políticas que perpetúan la violencia y el poder corruptor del narcotráfico, expresando que estas organizaciones han evolucionado a tal punto que ya no son simplemente cárteles, sino "corporaciones".
En una crítica incisiva al enfoque prohibicionista, Escobar bromeó sobre su cómic: "Me encantaría que alguien intentara prohibirlo, no se imaginan cómo eso aumentaría su demanda. Así como todo, la curiosidad se despierta ante lo prohibido".
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