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El Clínic reporta un incremento del 6,5% en ataques sexuales, atendiendo 665 casos de enero a octubre de 2025.

El Clínic reporta un incremento del 6,5% en ataques sexuales, atendiendo 665 casos de enero a octubre de 2025.

Una alarmante realidad se ha presentado en el Hospital Clínic de Barcelona, donde durante los primeros diez meses de 2025 se han registrado 665 atenciones por violencia sexual, con un desgarrador enfoque en las mujeres, que constituyen 562 de estos casos. Este número, que se traduce en un promedio de dos incidentes diarios, refleja un aumento del 6,5% en comparación con el mismo periodo del año anterior. En total, el hospital ha documentado un asombroso total de 3.254 agresiones en los últimos cinco años.

En una conferencia de prensa celebrada el lunes, tres autoridades del Hospital Clínic compartieron estos escalofriantes datos. El Dr. Josep Maria Campistol, director general del centro, junto a la ginecóloga M. Àngels Martínez y la coordinadora de Trabajo Social, Ester Valls, enfatizaron la crítica situación en el contexto del próximo Día Internacional para la Erradicación de la Violencia contra la Mujer, que se conmemora el 25 de noviembre.

Campistol describió la situación como “cada vez más dramática”, señalando no solo el incremento en el número de casos, sino también la severidad de las agresiones, lo que convierte este fenómeno en un problema de salud pública. Reiteró el compromiso del Hospital Clínic en la lucha contra la violencia machista, subrayando la necesidad de visibilizar y erradicar este flagelo de nuestra sociedad.

Un dato alarmante es que el 99% de las agresiones fueron llevadas a cabo por hombres. Las víctimas más jóvenes tenían apenas 16 años, mientras que la de mayor edad contó 89. Notablemente, el 38,5% de las agresiones se dirigieron contra menores de 25 años, y un 5% involucraron a adolescentes de 16 y 17 años.

Por su parte, Martínez puso de manifiesto un preocupante aumento en el índice de agresividad: el 65% de las mujeres atendidas reportaron haber sido violadas (incluyendo penetraciones vaginales, anales u orales), un incremento del 7,41% respecto al 57,59% del año anterior. En el caso de los hombres, el 69,4% de las víctimas sufrió penetraciones anales u orales, frente al 60,5% del año pasado.

En cuanto a los daños físicos, se documentó que el 38,8% de las mujeres presentaron lesiones visibles, incluidas 76 con lesiones moderadas o graves, superando las 67 reportadas en 2024. Entre los hombres, esta cifra alcanzó el 24,7%, con registros de 4 lesiones moderadas o graves.

Los lugares donde más se produjeron estas agresiones variaron. El hogar se destacó como el área más común, con un 57% de los incidentes, seguido por la vía pública (12,8%) y locales de ocio nocturno (8,3%). También se han reportado casos en transportes públicos, vehículos, hoteles y entornos laborales.

Además, el informe revela que un 3,5% de las agresiones involucró a personas sin hogar, con un incremento notable en los hombres, aumentando de 1 caso el año anterior a 7 en este. De estos, un impactante 93% de las violaciones fueron perpetradas contra mujeres y un 71,4% contra hombres.

El análisis detalla que el 39,5% de las mujeres agredidas fueron atacadas por desconocidos, mientras que el 20,8% conocía a su agresor. En un 15,6% de los casos, la víctima no recuerda la identidad del atacante, y el 8,5% de las agresiones fueron llevadas a cabo por parejas o exparejas, con un alarmante 90% de estas situaciones catalogadas como violaciones.

El ámbito laboral también fue escenario de la violencia en un 5,70% de los casos, mientras que un 3,9% de las víctimas había conocido a su agresor a través de redes sociales. Alarmantemente, este porcentaje se eleva a un 11,9% en el caso de los hombres.

Un dato inquietante es que el 28% de las mujeres menores de 25 años fueron violadas en entornos que consideraban seguros, cifra que sube a un 31,5% entre las de 25 a 45 años. Para las mujeres de más de 45 años, la proporción se establece en un 28%.

En cuanto a las agresiones grupales, un 9,4% de las mujeres reportó que más de un agresor estuvo involucrado, y un 10,2% de los incidentes en general son considerados grupales. Aunque estas cifras muestran una ligera disminución respecto a 2024, todavía están por encima de los datos de 2021.

Por si fuera poco, el informe revela que un 67% de las mujeres y un 52% de los hombres habían consumido alcohol al menos seis horas antes de la agresión. En 138 casos (20,7%), se activó un protocolo para la detección de tóxicos en sangre u orina, afectando mayormente a mujeres (86%), con un 59% de ellas entre 18 y 30 años, y el 89% se presentó en el hospital en menos de 24 horas.

En las muestras analizadas, el alcohol se destacó como la sustancia más consumida (86%), seguido de cocaína (25%), cannabis (19%) y otros derivados químicos. Es crucial señalar que, aunque se puede detectar su presencia, no se ha conseguido probar la intención de sumisión química.

La doctora Martínez ha subrayado que ha aumentado el número de personas que llegan a urgencias después de haber denunciado, alcanzando un 12,3% en mujeres y un 13,3% en hombres, en comparación con cifras del año anterior. Además, el 32% de las mujeres y el 36% de los hombres manifestaron su intención de denunciar los hechos.

Todas las situaciones reportadas se notifican al Juzgado de Guardia, y en una gran mayoría de los casos (87% en mujeres y 96,3% en hombres), se ha hecho presente un profesional de Medicina Legal y Forense para asistir a las víctimas.

Aproximadamente el 40% de las mujeres agredidas llegan a urgencias por voluntad propia y el 34% lo hacen gracias a otros servicios de salud, lo que muestra una creciente confianza en el sistema. Sin embargo, el 19% se presenta en el hospital acompañada por cuerpos de seguridad.

La atención post-agresión es crítica: el 72% de las personas atendidas en el hospital son parte de un programa de prevención y tratamiento de secuelas psicológicas tras una agresión sexual, asegurándose así un seguimiento adecuado. Un 70% de ellas también se vincula a programas de tratamiento por infecciones transmitidas sexualmente.

Martínez enfatizó la urgencia de no revictimizar a las sobrevivientes, ya que esto puede desalentarlas de acceder a la atención médica necesaria para otros problemas de salud. Desde su experiencia, Valls recordó que el trastorno de estrés postraumático se manifiesta de diferentes maneras y cada víctima necesita un enfoque personalizado, dependiendo de la naturaleza de su agresión.

“La violencia no solo daña en el momento, sino que tiene consecuencias duraderas”, concluyó Valls, subrayando la importancia de abordar este problema desde una perspectiva de salud pública y bienestar social.