Carla Vall presenta 'Red Flags': Un análisis sobre las señales de abuso en las relaciones, donde advierte que "no es cuestión de azar, sino de datos".
En un contexto donde la lucha por los derechos de las mujeres cobra impulso, la abogada penalista y criminóloga Carla Vall, con una extensa trayectoria en el área de derechos humanos y prevención de la violencia de género, ha lanzado su nuevo libro titulado 'Red Flags'. Esta obra, presentada en Barcelona el pasado 8 de octubre, se adentra en las señales de abuso que pueden surgir en una relación de pareja, advirtiendo que toparse con un 'machirulo' no es simplemente cuestión de mala suerte, sino que obedece a patrones estadísticos evidentes.
Vall, quien ha brindado apoyo a más de 1.000 mujeres a lo largo de su carrera, utiliza su propia experiencia y la de sus clientas para identificar y clasificar diversas señales de abuso, las cuales ha representado usando la metáfora de tonalidades de rojo. A medida que la intensidad del abuso se agudiza, estas tonalidades se vuelven más oscuras, lo que ilustra gráficamente cómo se va intensificando la violencia en una relación.
Desde el inicio de su libro, Vall destaca una clave que a menudo se pasa por alto: las mujeres poseen la capacidad de distinguir entre más de 70 variantes de rojo. Esto lleva a la abogada a enfatizar la importancia de no ignorar esos 'red flags' que pueden aparecer en una relación. “Quería reforzar la idea de escuchar a tu instinto”, afirma Vall, subrayando que el sentido común y la intuición son herramientas cruciales en el proceso de identificar situaciones de abuso.
En su análisis, Vall describe cómo las primeras manifestaciones de abuso pueden ser sutiles, pero enormemente reveladoras. Ejemplos como el silencio adoptado por una mujer tras una discusión o la tendencia del agresor a intentar “comprar” su perdón son indicativos de patrones de violencia que se repiten. “Es una señal de que está empezando a entrar en un ciclo de violencia”, explica Vall, advirtiendo sobre la insidiosidad de estas conductas iniciales.
La autora señala que muchas mujeres que se presentan en su despacho no llegan con la intención de denunciar, sino con el deseo de entender su situación. A menudo, se encuentran atrapadas en la contradicción de negarse a reconocerse como víctimas debido a las construcciones de amor romántico que han internalizado desde la infancia. Vall relata cómo algunas dicen: “Es que yo no soy víctima”, lo que refleja una profunda lucha contra las expectativas sociales que rodean la victimización.
Con empatía y comprensión, Vall recuerda que el abuso puede tocar la puerta de cualquier mujer, independientemente de su formación o estatus socioeconómico. Sin embargo, las mujeres de clase alta y con un nivel educativo superior suelen ser las más reticentes a denunciar, ya que el estigma social y la presión del juicio que enfrentan pueden ser asfixiantes. “Las mujeres somos grandes cumplidoras de normas sociales”, dice, resaltando cómo la presión social puede silenciar a quienes padecen violencia.
Entre los comportamientos nocivos que Vall describe, se encuentran el 'ghosting' y el 'gaslighting', prácticas que buscan distorsionar la percepción de la víctima y profundizar su inseguridad. “Es una forma de manipulación tan dañina que puede dejar a la persona sintiéndose perdida y confundida”, afirma. Estos métodos de abuso psicológico no solo son comunes, sino que están diseñados para despojar a la víctima de su confianza en sí misma.
Además, Vall hace referencia a la diferencia de edad en las relaciones como una posible señal de alarma, sobre todo cuando el hombre busca constantemente parejas más jóvenes. Esta dinámica, aunque no siempre representa un riesgo directo de abuso, sugiere una necesidad de control y puede indicar desigualdades en la relación.
El libro también toca aspectos menos evidentes de la violencia psicológica, como las amenazas de suicidio en el contexto de una ruptura. “Esto no es un llamado de auxilio, sino un intento de coerción”, señala, haciendo un llamado a que las mujeres no se sientan responsables por la vida de nadie. De hecho, argumenta que este tipo de amenaza es una estrategia de control que no debe ser minimizada.
Al hablar de violencia sexual, Vall enfatiza que la mayoría de las experiencias no se reflejan en casos extremos como el de 'La Manada', sino que se manifiestan en dinámicas más cotidianas y sutiles, como el chantaje emocional para mantener relaciones íntimas. “La presión para tener relaciones sexuales es una forma de violencia que muchas no reconocen”, resalta, al tiempo que describe ejemplos concretos de coerción y manipulación relacionadas con la sexualidad.
Cuando las mujeres confrontan a sus parejas por su comportamiento dañino, Vall puntualiza que es común que los hombres intenten colocarse en una posición de víctima, apelando a sus propias dificultades personales como justificación. “La historia del ‘pobrecito’ puede dificultar la capacidad para ver a alguien como un adulto responsable de sus acciones”, advierte, llamando la atención sobre la necesidad de aceptar la realidad de la situación.
Vall sostiene que es posible salir de estas relaciones tóxicas, aunque ello a menudo requiere un proceso de desenganchamiento emocional. “Revisitar nuestra historia personal periódicamente puede ayudarnos a reconocer patrones de abuso que hemos ignorado”, sugiere, señalando que la auto-reflexión juega un papel esencial en la recuperación. Este proceso, sin embargo, puede verse obstaculizado por situaciones económicas o familiares complicadas.
En cuanto a la posibilidad de que el agresor comprenda la magnitud de su daño, Vall es clara: “Buscar empatía en quien ha perjudicado a otro puede abrir una puerta a más vulnerabilidad y riesgo de daño”, enfatiza. De ahí que proponga un enfoque basado en validar las emociones y decisiones de las víctimas como el camino hacia la sanación adecuada.
Si bien hay casos de maltratadores que pueden cambiar, Vall opina que la mayoría de las veces es en vano intentar encontrar una reconciliación o un entendimiento mutuo. Ella anima a las mujeres a formar redes de apoyo y a rodearse de seres queridos que pueden ofrecer paciencia y comprensión en un proceso que puede ser largo y complejo.
Finalmente, Vall apela a la importancia de contar con modelos a seguir que hayan superado situaciones de violencia y hayan reconstruido relaciones saludables. “Busquen lo que las haga sentirse bien, hay que revaluar la idea de la soledad. Ser soltera puede ser liberador”, concluye, ofreciendo una perspectiva positiva sobre la independencia y el empoderamiento personal.
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